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Crónica

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Lucía Pi

2020

Entre el periodismo y la literatura, la ficción y la realidad, exaltar las fronteras de la crónica traza un camino de definiciones posible, aunque existe otro. Uno donde las dualidades se superan y los límites entre discursos se diluyen, para componer el imaginario de una realidad múltiple, diversa y fragmentaria.

Género urbano por excelencia, la crónica describe la ciudad y la emula en su forma: inacabada, transitoria, híbrida. El espacio cobra sentido en la escritura que ilumina el abismo de lo inaprensible: frente a la grandeza de Ciudad de México, es la pluma de sus cronistas la que logra abarcar lo inabarcable.

Ante el asombro de lo desconocido en las crónicas de indias, la maravilla de la modernidad decimonónica y el caótico presente, la crónica se ha encargado de describir e imaginar la ciudad. Es por esto por lo que escapa de la definición simple, de la literalidad que se empeña en ensamblar descripciones puntuales de sus elementos.

La crónica se alimenta de la ciudad real para fundar una ciudad imaginaria que dota de sentido a la primera. El presente urbano se revela y (re)configura en la crónica: espacio de la imaginación utópica proyectada al futuro.

Lucía Pi

2020

Entre el periodismo y la literatura, la ficción y la realidad, exaltar las fronteras de la crónica traza un camino de definiciones posible, aunque existe otro. Uno donde las dualidades se superan y los límites entre discursos se diluyen, para componer el imaginario de una realidad múltiple, diversa y fragmentaria.

Género urbano por excelencia, la crónica describe la ciudad y la emula en su forma: inacabada, transitoria, híbrida. El espacio cobra sentido en la escritura que ilumina el abismo de lo inaprensible: frente a la grandeza de Ciudad de México, es la pluma de sus cronistas la que logra abarcar lo inabarcable.

Ante el asombro de lo desconocido en las crónicas de indias, la maravilla de la modernidad decimonónica y el caótico presente, la crónica se ha encargado de describir e imaginar la ciudad. Es por esto por lo que escapa de la definición simple, de la literalidad que se empeña en ensamblar descripciones puntuales de sus elementos.

La crónica se alimenta de la ciudad real para fundar una ciudad imaginaria que dota de sentido a la primera. El presente urbano se revela y (re)configura en la crónica: espacio de la imaginación utópica proyectada al futuro.