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Vecindad

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Alberto Martínez

2020

La vivienda que conocemos en México como "vecindad" nos refiere a ese prototipo popularizado en las películas de la época del Cine de Oro mexicano: con patios rebosantes, los problemas económicos, el eterno enamorado de la joven del 4, el padre trabajador que sólo duerme en el 8 porque no hay tiempo para estar en casa, o la madre angustiada por alargar la quincena echando más agua a los frijoles. Desde su auge en los años 30s en México, fue un referente social en donde aún hoy día se comparten los retos de vivir en comunidad y que se enfrentan desde sus trincheras al bello monstruo de Ciudad de México. Una de las fortalezas de este modelo es su sentido de comunidad.

Los famosos "chismes de lavadero" eran las pugnas internas, pero también es cierto que la convivencia en torno a un gran patio central, permitía el encuentro pleno, las fiestas, los velorios, la defensa del territorio. Un patio central, en donde todas las puertas son como balcones de un teatro a la vida cotidiana y uno es espectador, pero también actor que entra y sale de escena. Posiblemente lo mejor de la vecindad sea eso: no sólo vivir, sino compartir en comunidad con aquellos que nos son semejantes.

Alberto Martínez

2020

La vivienda que conocemos en México como "vecindad" nos refiere a ese prototipo popularizado en las películas de la época del Cine de Oro mexicano: con patios rebosantes, los problemas económicos, el eterno enamorado de la joven del 4, el padre trabajador que sólo duerme en el 8 porque no hay tiempo para estar en casa, o la madre angustiada por alargar la quincena echando más agua a los frijoles. Desde su auge en los años 30s en México, fue un referente social en donde aún hoy día se comparten los retos de vivir en comunidad y que se enfrentan desde sus trincheras al bello monstruo de Ciudad de México. Una de las fortalezas de este modelo es su sentido de comunidad.

Los famosos "chismes de lavadero" eran las pugnas internas, pero también es cierto que la convivencia en torno a un gran patio central, permitía el encuentro pleno, las fiestas, los velorios, la defensa del territorio. Un patio central, en donde todas las puertas son como balcones de un teatro a la vida cotidiana y uno es espectador, pero también actor que entra y sale de escena. Posiblemente lo mejor de la vecindad sea eso: no sólo vivir, sino compartir en comunidad con aquellos que nos son semejantes.