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Temporalidad

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Juan Carlos Calanchini

2020

Lo conveniente de lo eterno, que hace oportuno lo finito: un sinsentido. Se dice que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Es así que todo llega a ser, por un periodo, hasta que cambia. La ciudad se sabe temporal y vive bajo la cualidad y concepto de fugacidad. Quienes vivimos en la urbe, nos fascina el tiempo y, aunque es un aspecto intrínseco a nosotros, parece que vivimos contra él. Debemos intentar ir con él, dejarnos llevar ante su indefinición: destructora del artificio y de lo ideal. Todo es relativo. Al estar compuestos por capas, desde historias y memorias no lineales, hasta ambigüedades —a modo de un palimpsesto inacabable—, la temporalidad nos arropa como una forma del tiempo que nos permite observar el cambio y la permanencia, para cuestionar nuestra propia duración. Al final, moriremos. Estamos en una cápsula de la temporalidad: una ruina en construcción, un monumento a lo que permanece. Seres indeterminados y fragmentados, de historias añejadas. Somos un claro ejemplo de la frágil huella del tiempo. La temporalidad de la ciudad.

Juan Carlos Calanchini

2020

Lo conveniente de lo eterno, que hace oportuno lo finito: un sinsentido. Se dice que la materia no se crea ni se destruye, sólo se transforma. Es así que todo llega a ser, por un periodo, hasta que cambia. La ciudad se sabe temporal y vive bajo la cualidad y concepto de fugacidad. Quienes vivimos en la urbe, nos fascina el tiempo y, aunque es un aspecto intrínseco a nosotros, parece que vivimos contra él. Debemos intentar ir con él, dejarnos llevar ante su indefinición: destructora del artificio y de lo ideal. Todo es relativo. Al estar compuestos por capas, desde historias y memorias no lineales, hasta ambigüedades —a modo de un palimpsesto inacabable—, la temporalidad nos arropa como una forma del tiempo que nos permite observar el cambio y la permanencia, para cuestionar nuestra propia duración. Al final, moriremos. Estamos en una cápsula de la temporalidad: una ruina en construcción, un monumento a lo que permanece. Seres indeterminados y fragmentados, de historias añejadas. Somos un claro ejemplo de la frágil huella del tiempo. La temporalidad de la ciudad.